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Un antiguo número dos de la inteligencia marroquí amenaza con destapar los secretos más oscuros de Rabat y abre una pregunta demoledora para Moncloa: ¿qué sabe sobre Pegasus, Pedro Sánchez y España?
Durante años hemos hablado aquí del Pollo Carvajal: el antiguo jefe de la inteligencia militar venezolana que conocía las entrañas del chavismo y que, cuando rompió con el régimen, pasó de formar parte del sistema a convertirse en una amenaza por todo lo que sabía. Marruecos tiene ahora su propio Pollo Carvajal. Se llama Mehdi Hijaouy. Fue número dos de la inteligencia exterior marroquí y su nombre aparece desde hace tiempo alrededor de Jabaroot, el grupo que está dejando al descubierto algunos de los secretos más incómodos del aparato de seguridad del reino. La noticia no es que exista Mehdi. La noticia es empezar a entender qué representa.
Porque el paralelismo con el Pollo no consiste en comparar Venezuela con Marruecos. Consiste en comprender el valor de un hombre que ha pasado por el corazón de los servicios secretos y que después rompe con quienes mandan. El Pollo sabía demasiado sobre Caracas y Mehdi sabe demasiado sobre Rabat: agentes, operaciones clandestinas, relaciones con servicios extranjeros, luchas internas y secretos acumulados durante años.
Cuando alguien así huye, deja de ser un antiguo funcionario: se convierte en un archivo viviente. Y entonces comienza la verdadera guerra. Unos quieren silenciarlo, otros quieren utilizarlo y otros necesitan saber exactamente cuánto puede contar.
España forma parte inevitablemente de esa guerra. Mehdi pasó por Madrid después de abandonar Marruecos y el CNI tuvo contacto con él. A partir de ahí aparece una cuestión que nunca deberíamos perder de vista: los intereses de un servicio de inteligencia y los intereses políticos de un Gobierno no siempre tienen por qué coincidir plenamente.
Para cualquier profesional de la inteligencia española, disponer de un antiguo número dos marroquí dispuesto a hablar sería un premio extraordinario. Para el poder político, en cambio, algunas de las cosas que pueda contar ese hombre podrían convertirse en un problema monumental. No afirmamos que exista una guerra dentro del CNI; afirmamos algo mucho más elemental: Mehdi puede ser extraordinariamente útil para España y, al mismo tiempo, extraordinariamente incómodo para Pedro Sánchez.
Porque al final de este camino aparece Pegasus. España todavía desconoce públicamente qué información salió del teléfono del presidente del Gobierno y hasta dónde llegó aquella operación de espionaje. Si Mehdi conserva información sobre aquellas actuaciones, el problema deja de ser marroquí y entra directamente en la política española.
Esa es la verdadera bomba que puede esconder Jabaroot. No simplemente nombres de agentes, nóminas o documentos internos, sino la posibilidad de explicar qué sabía Marruecos de España, qué obtuvo de nuestros gobernantes y qué ocurrió después en una relación entre Sánchez y Rabat que cambió de forma radical.
Y aquí entra Ceuta. Nuestra lectura es que aquella operación no tuvo únicamente una finalidad exterior contra España. También pudo cumplir una función interna: obligar al aparato de seguridad marroquí a cerrar filas en medio de una guerra que amenaza con fracturarlo.
Una gran crisis nacional permite recuperar la disciplina, reconstruir la cadena de mando, identificar lealtades y recordar a todos que cualquier asalto al poder establecido tendrá enfrente al Estado entero. Mientras Jabaroot golpea a sectores de la vieja guardia y Marruecos se prepara para el futuro reinado del heredero Moulay Hassan, Ceuta sirve también como una gigantesca operación de cohesión.
El mensaje hacia fuera fue ejercer presión sobre España; el mensaje hacia dentro pudo ser todavía más importante: aquí no caerá una pieza sin que todo el aparato se defienda.
Por eso Mehdi es el Pollo Carvajal de Marruecos y por eso esta historia va mucho más allá de un hacker o de un espía fugado. Estamos viendo una pelea por los secretos, las lealtades y el poder del Marruecos que llegará después de Mohamed VI. Jabaroot está sacudiendo a los servicios, Ceuta ha permitido al aparato cerrar filas y el heredero representa la continuidad necesaria para que cambien los hombres sin que caiga el sistema.
Y, en medio de todo ello, hay un antiguo número dos que sabe demasiado. Rabat teme lo que Mehdi pueda contar sobre Marruecos. Pero en Madrid deberían hacerse una pregunta bastante más inquietante: ¿qué sabe Mehdi sobre Pegasus, sobre Pedro Sánchez y sobre España?