logo
Imprimir
| hs
•ACTUALIDAD EMPRESARIAL

El teatro se consolida como herramienta clave para salvaguardar la memoria histórica

El 23 de septiembre de 1937, más de mil niños y niñas salieron del puerto de El Musel, en Gijón, rumbo a la Unión Soviética para alejarlos de la Guerra Civil. Ochenta y nueve años después, aquel episodio sigue formando parte de una historia marcada por la evacuación, la separación familiar y las consecuencias que los conflictos pueden dejar a largo plazo.

La noche del 23 al 24 de septiembre de 1937, más de mil niños y niñas embarcaron en el puerto de El Musel, en Gijón.

Sus familias tomaron la decisión de alejarlos de la guerra para protegerlos, confiando en que aquella separación sería temporal y en que podrían volver a encontrarse pronto.

La expedición salió en el carguero francés Dairiguerrme. Tras pasar por Saint-Nazaire, en Francia, y Gravesend, en Inglaterra, los menores continuaron viaje hacia la Unión Soviética. Llegaron a Leningrado, la actual San Petersburgo, a comienzos de octubre.

Las fuentes sitúan el número de niños y niñas de aquella expedición entre 1.100 y 1.200. La mayoría procedía de Asturias, aunque también viajaban menores de otros territorios del norte de España.

Lo ocurrido aquella noche en El Musel no fue un hecho aislado.

Durante la Guerra Civil, decenas de miles de niños tuvieron que abandonar sus hogares. El Centro Documental de la Memoria Histórica cifra en más de 50.000 los menores evacuados fuera de España entre 1937 y 1938. Francia, Bélgica, Gran Bretaña, México, Suiza o la Unión Soviética fueron algunos de sus destinos. Detrás de esos desplazamientos se encontraba una misma finalidad: alejar a los menores de las zonas de conflicto, en muchos casos con la expectativa de que el regreso pudiera producirse en poco tiempo.

Las consecuencias de una guerra más allá del conflicto

Para muchos de aquellos niños, el regreso tardó años. Para otros no llegó a producirse.

Quienes habían sido enviados a la Unión Soviética volvieron a encontrarse poco después con otro conflicto. La invasión alemana de 1941 obligó a muchos de ellos a desplazarse nuevamente dentro del territorio soviético. Posteriormente, las dificultades políticas y diplomáticas hicieron imposible durante años el retorno a España.

Lo que comenzó como una evacuación provisional terminó convirtiéndose, para muchos, en una separación prolongada durante décadas.

Más allá de las fechas de inicio y finalización de un conflicto, sus consecuencias pueden mantenerse durante largos periodos y afectar a las personas y a las familias implicadas.

Pueden permanecer en quienes tuvieron que marcharse, en quienes esperaron su regreso, en las personas que volvieron y encontraron una realidad distinta a la que recordaban o en los hermanos que crecieron separados.

También pueden quedar reflejadas en fotografías, cartas, testimonios y relatos familiares, así como en episodios que no llegaron a transmitirse entre generaciones.

Lo que permanece con el paso del tiempo

Ese contexto constituye uno de los puntos de partida de Memoria de la Nisal.

La obra producida por Compañía Adrián Conde no pretende reconstruir históricamente la expedición de los Niños de la Guerra ni contar documentalmente lo sucedido aquella noche en El Musel.

Parte de ese marco histórico para explorar qué sucede con determinadas experiencias cuando transcurren los años y cómo pueden influir en las generaciones posteriores.

El texto plantea cuestiones relacionadas con la transmisión de experiencias traumáticas, la memoria familiar, los silencios y las historias que permanecen ocultas con el paso del tiempo.

El texto de Ernesto Is, reconocido con el Premio Asturias Joven de Textos Teatrales 2023, sitúa a Ana frente a esas cuestiones. Treinta años después, regresa a la casa familiar intentando comprender sus propias raíces y aquello que durante años permaneció oculto.

Cuatro mujeres, un secreto familiar y un viejo árbol funcionan como testigos de una historia en la que memoria, pérdida, identidad, ausencia y silencio se van entrelazando.

La obra no se centra únicamente en reconstruir lo ocurrido, sino también en observar las consecuencias que determinados acontecimientos pueden dejar en una familia.

La memoria como objeto de reflexión

El estudio del pasado permite conocer acontecimientos, comprender contextos y analizar las consecuencias que determinados episodios históricos tuvieron sobre las personas que los vivieron.

Las imágenes de niños obligados a abandonar sus hogares a causa de una guerra no pertenecen únicamente a 1937.

Al finalizar 2024, UNICEF estimaba que 48,8 millones de niños y niñas permanecían desplazados en el mundo como consecuencia de conflictos y violencia.

No se trata de situaciones idénticas ni resulta adecuado establecer equivalencias simples entre guerras, países o momentos históricos diferentes.

Sin embargo, siguen produciéndose situaciones en las que familias intentan proteger a sus hijos, menores se ven obligados a abandonar sus hogares y personas inician desplazamientos sin saber cuándo podrán regresar.

El conocimiento de estos episodios puede apoyarse en la investigación, la consulta de testimonios, la lectura y la conservación de historias familiares y colectivas.

El teatro como espacio para abordar la memoria

Ahí es donde Memoria de la Nisal encuentra su razón de ser.

Para Adrián Conde, abordar esta historia desde el teatro no significa ofrecer respuestas cerradas ni indicar al espectador una interpretación concreta.

La propuesta busca abrir un espacio para observar, escuchar y plantear preguntas sobre los acontecimientos representados.

La obra puede servir también como punto de partida para conocer mejor determinados episodios históricos, investigar historias familiares o acercarse desde otra perspectiva a acontecimientos del pasado.

El teatro no puede modificar lo sucedido ni reparar las ausencias derivadas de determinados acontecimientos, pero sí puede contribuir a mantener presentes algunas historias y facilitar que sigan siendo conocidas.

Memoria de la Nisal es el primer espectáculo de Compañía Adrián Conde concebido específicamente para público adulto. Está dirigido por Adrián Conde y Gemma de Luis e interpretado por Bea Canteli, Paula Mata, Cristina Lorenzo y Gemma de Luis. Se estrenó el 4 de octubre de 2025 en el Teatro Jovellanos de Gijón, después de que el proyecto recibiera el Premio Jovellanos a la Producción Escénica 2025.

En 2026 recibió el Premio Oh! al Mejor Espacio Escénico y formó parte de la 29ª Feria de Teatro de Castilla y León de Ciudad Rodrigo.

Más allá del recorrido de la obra, uno de sus elementos centrales es la conversación que puede generar en torno a la memoria, la familia y las consecuencias de los conflictos.

Conocer y conservar las historias

Han pasado 89 años desde aquella noche en El Musel.

Muchos de quienes protagonizaron aquella historia ya no pueden contarla directamente.

Con el paso del tiempo, la conservación de estos testimonios depende en buena medida de la documentación, la investigación y la transmisión de las historias entre generaciones.

Conocer lo ocurrido, consultar testimonios, investigar episodios familiares o locales y tratar de comprender las decisiones adoptadas en contextos históricos determinados permite ampliar el conocimiento sobre aquellos acontecimientos.

También permite establecer una mirada sobre otros conflictos contemporáneos sin necesidad de equiparar situaciones históricas diferentes.

La memoria no ofrece respuestas únicas ni garantiza por sí sola que determinados acontecimientos no vuelvan a repetirse. Sin embargo, el conocimiento, la documentación y la reflexión contribuyen a mantener accesibles las experiencias de quienes los vivieron.

Para ver Memoria de la Nisal en vivo, puede consultarse más información aquí.




Link:
https://www.gironanoticies.com/noticia/304811_https://www.agencianinja.com/interno/rss/nota/el-teatro-se-consolida-como-herramienta-clave-para-salvaguardar-la-memoria-historica_9542