Los incendios son la constatación más brutal del abandono que padecen muchos ciudadanos. Familias huyendo con lo puesto, vecinos defendiendo sus viviendas con mangueras y pueblos enteros esperando unos medios que, demasiadas veces, llegan cuando el fuego ya ha decidido su suerte.
España no empieza a arder cuando aparece la primera llama. Empieza a hacerlo meses antes, con montes sin limpiar, cortafuegos abandonados, caminos impracticables, brigadas temporales y un medio rural cada vez más despoblado. Cuando estalla la emergencia, cada administración señala a la que tiene al lado y las responsabilidades se diluyen entre despachos.
Las comunidades autónomas tienen las competencias en materia forestal, pero el Gobierno central no puede utilizar este reparto competencial como coartada. Cuando los incendios desbordan territorios, obligan a realizar evacuaciones y amenazan miles de viviendas, dejan de ser un problema exclusivamente autonómico y se convierten en una emergencia nacional.
La oposición tampoco puede limitarse a criticar al Gobierno desde las redes sociales y las ruedas de prensa. Si considera que el Ejecutivo ha abandonado sus responsabilidades, debe presentar una moción de censura. Probablemente no prosperaría, pero obligaría al Gobierno a responder ante el Congreso y a la oposición a presentar un candidato, un programa y una alternativa real.
Y debería hacerlo en agosto. España no cierra por vacaciones. No descansan los bomberos, los agentes forestales, la Unidad Militar de Emergencias ni los vecinos que pasan la noche vigilando si las llamas alcanzan sus casas. Tampoco debería cerrar el Congreso cuando una parte del país está ardiendo.
Una moción de censura obligaría a debatir sobre prevención, coordinación, recursos y protección del mundo rural. También forzaría a los socios del Gobierno a retratarse: respaldar la actuación del Ejecutivo o exigir responsabilidades por la gestión de la emergencia.
Si la oposición cree que no existen razones suficientes para censurar al Gobierno, debería dejar de hablar como si España estuviera abandonada. Pero, si realmente lo cree, tiene la obligación de actuar. La crítica sin iniciativa parlamentaria es solamente propaganda de verano.
El Gobierno debe gobernar también en agosto y la oposición tiene que demostrar que está preparada para sustituirlo. Mientras haya españoles intentando salvar sus casas, el Congreso no debería mantener cerradas sus puertas.
Autor: Carles Enric












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